El último movimiento de José Luis Ábalos, ahora investigado por el Tribunal Supremo en el llamado “caso Koldo”, ha hecho temblar otra vez los pasillos políticos. Su escrito al Congreso denunciando supuestos amaños de contratos y cobro irregular de dietas en el Puerto de Valencia, y exigiendo explicaciones al Ministerio de Óscar Puente, ha sido como encender una cerilla en una habitación llena de gas. Y es que en este país ya nadie espera silencios elegantes: aquí se responde con un portazo.
