Llamar “errores” a lo que huele a abuso, corrupción y fraude es un truco viejo: minimizar para esquivar responsabilidades. Señor Sánchez, cuando un Gobierno acumula causas judiciales, investigaciones abiertas y sombras persistentes, no hablamos de despistes, hablamos de ilegalidades. Cambiar el nombre no cambia los hechos.
