Las últimas medidas puestas en marcha por el Gobierno de la Nación han dejado claro que los ceutíes le importa un pimiento y que su principal atención se destina a los invasores que siguen en nuestra ciudad.
Las últimas medidas puestas en marcha por el Gobierno de la Nación han dejado claro que los ceutíes le importa un pimiento y que su principal atención se destina a los invasores que siguen en nuestra ciudad.
Hay que tener una cara de cemento armado, una falta absoluta de dignidad política y una sumisión vergonzosa para que un ministro del Gobierno de España, con Félix Bolaños a la cabeza de este ejercicio de cinismo gubernamental, tenga el valor de salir a repartir disculpas y parabienes a Marruecos. ¿Disculpas? ¿De verdad nos piden comprensión y blanqueo hacia el régimen alauita cuando ya absolutamente todo el mundo sabe que están detrás de aquella invasión premeditada que sembró el caos en Ceuta?
Más de un mes después de la invasión producida el pasado 30 de julio todavía el Gobierno de la Nación sigue sin concretar las cifras ni de los que entraron ni de los que quedan en nuestra ciudad.
Hay una delgada línea entre la simple mala gestión administrativa y el caciquismo más descarado, y esa línea ha sido pisoteada sin pudor por el tándem formado por Alejandro Ramírez y Juan Manuel Sánchez Valderrama. Lo que está ocurriendo en las entrañas de los servicios públicos no es fruto de la incompetencia; es un ejercicio de soberbia institucional, un abuso de poder que exige no solo una condena pública, sino la asunción de responsabilidades legales.
Lo que está sucediendo en nuestra ciudad con la invasión sufrida el pasado 30 de julio sólo deja claro una cosa: Pedro Sánchez es un auténtico traidor, muy peligroso para nuestro país.