La responsabilidad política en el Gobierno de Juan Vivas parece haberse convertido en un concepto obsoleto. En cualquier democracia madura, la acumulación de escándalos de gravedad extrema habría provocado ceses fulminantes. Aquí, sin embargo, la indolencia de la máxima autoridad local ampara una gestión nefasta cuyas consecuencias financieras y sociales terminamos pagando, literalmente, todos los ceutíes.