El Ministerio de Igualdad pide a las comunidades que refuercen la atención a las vulnerabilidades de las víctimas de violencia machista. La intención es loable y necesaria: proteger mejor a quien sufre una violencia real y persistente. Hasta ahí, poco que objetar. El problema aparece cuando esa urgencia parece convivir con un silencio incómodo hacia otras víctimas que también reclaman cuidado y memoria.
