La Autopista Nacional
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La ausencia de Pedro Sánchez en la Pascua Militar no ha pasado desapercibida. No es un acto menor ni una cita de relleno en el calendario institucional: es un símbolo de respeto al Estado, a las Fuerzas Armadas y, en definitiva, a una tradición que representa continuidad y cohesión. Cuando el presidente decide no estar, el mensaje —quiera o no— suena a desinterés o a distancia calculada.

La ausencia de Pedro Sánchez en la Pascua Militar no ha pasado desapercibida. No es un acto menor ni una cita de relleno en el calendario institucional: es un símbolo de respeto al Estado, a las Fuerzas Armadas y, en definitiva, a una tradición que representa continuidad y cohesión. Cuando el presidente decide no estar, el mensaje —quiera o no— suena a desinterés o a distancia calculada.

Este gesto encaja con una forma de gobernar que prioriza el cálculo político sobre el simbolismo común. Sánchez ya le quitó a su partido la “O” de obrero, al menos en la práctica, alejándose de las preocupaciones clásicas de la clase trabajadora. Ahora parece empeñado en borrar también la “E” de español, como si todo lo que huela a nación, historia o instituciones compartidas resultara incómodo.

No se trata de militarismo ni de banderas agitadas al viento, sino de entender que un presidente representa a todos, incluso a quienes no le votan. Estar en la Pascua Militar no es un favor al Ejército, es una obligación con el cargo. Ausentarse es una forma de decir mucho sin pronunciar una sola palabra.

Al final, las siglas pesan más de lo que parecen. Vaciar al PSOE de “obrero” y de “español” no es solo un juego retórico, es una señal política. Y cuando los símbolos se abandonan, otros los ocupan. Luego no valen las sorpresas.

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Ceuta, Miercoles 29 de Julio del 2026

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