Que algunas voces en Europa planteen la posibilidad de sacar a ETA de la lista de terroristas de la Unión Europea debería hacernos saltar todas las alarmas. No hablamos de un grupo cualquiera ni de un pasado remoto que conviene “olvidar”: hablamos de una organización que sembró miedo, dolor y muerte en miles de familias durante décadas. Pretender blanquear su historial sería, sencillamente, un insulto a la memoria de sus víctimas.
