La Autopista Nacional
Typography
0
0
0
s2smodern

Que un guardia civil no puede emborracharse en la Moncloa y enseñar el culo al jefe de escoltas es bastante evidente; no hacía falta que lo recordara el Supremo, pero ahí estamos. La disciplina no entiende de bromas gruesas ni de momentos “creativos”, y menos en la casa del presidente. Hasta aquí, todos de acuerdo.

Que un guardia civil no puede emborracharse en la Moncloa y enseñar el culo al jefe de escoltas es bastante evidente; no hacía falta que lo recordara el Supremo, pero ahí estamos. La disciplina no entiende de bromas gruesas ni de momentos “creativos”, y menos en la casa del presidente. Hasta aquí, todos de acuerdo.

Ahora bien, uno no puede evitar preguntarse por el contexto humano del asunto. Porque para llegar a ese punto hace falta algo más que una copa de más: hace falta estar muy, muy quemado. Custodiar al presidente, tragarse protocolos, silencios y decisiones políticas que muchos agentes sienten como un abandono sistemático… no justifica nada, pero ayuda a entender el hartazgo.

El Supremo hace lo que tiene que hacer y pone el listón donde toca: el uniforme no se cuelga con la chaqueta. Pero la escena, vista con ironía, parece el estallido absurdo de una olla a presión: cuando no hay válvula de escape, sale vapor por donde menos conviene.

Moraleja doble. Primera: en la Guardia Civil, como en cualquier cuerpo serio, hay líneas que no se cruzan. Segunda: si no queremos más episodios bochornosos, quizá convendría cuidar un poco más a quienes están siempre al pie del cañón. Porque el respeto es bidireccional… y las borracheras simbólicas no suelen salir de la nada.

0
0
0
s2smodern
Joomla SEF URLs by Artio
Ceuta, Miercoles 29 de Julio del 2026

Publicidad