Si algo ha demostrado Gabriel Rufián en los últimos años es que no le teme al choque de ideas, pero también sabe que la izquierda española anda más dividida que nunca. Con partidos que a veces parecen hablar distintos idiomas y facciones internas que se miran de reojo, Rufián ha decidido que su papel no es solo criticar al adversario, sino tender puentes donde otros solo ven muros.
