A buenas horas llega alguien que levanta la voz para decir algo que, aunque parezca obvio, llevaba demasiado tiempo sin decirse con claridad: apoyar a las víctimas sin convertir a toda la Policía en sospechosa. El nuevo DAO ha puesto sobre la mesa una idea sencilla pero necesaria: cuando ocurre un abuso, se investiga, se depuran responsabilidades y se protege a quien lo ha sufrido. Pero eso no significa señalar a todo un cuerpo por los errores —o delitos— de unos pocos.
