La política española asiste al agotamiento de un ciclo definido por la supremacía del dogma sobre la gestión. Las figuras de Yolanda Díaz, Irene Montero e Ione Belarra representan hoy el fracaso de un modelo que sustituyó el pragmatismo institucional por un activismo de salón, tan ruidoso como estéril. Su paso por el poder no será recordado por avances tangibles, sino por una preocupante desconexión con la realidad social y jurídica del país.
