A buenas horas llega alguien que levanta la voz para decir algo que, aunque parezca obvio, llevaba demasiado tiempo sin decirse con claridad: apoyar a las víctimas sin convertir a toda la Policía en sospechosa. El nuevo DAO ha puesto sobre la mesa una idea sencilla pero necesaria: cuando ocurre un abuso, se investiga, se depuran responsabilidades y se protege a quien lo ha sufrido. Pero eso no significa señalar a todo un cuerpo por los errores —o delitos— de unos pocos.
A buenas horas llega alguien que levanta la voz para decir algo que, aunque parezca obvio, llevaba demasiado tiempo sin decirse con claridad: apoyar a las víctimas sin convertir a toda la Policía en sospechosa. El nuevo DAO ha puesto sobre la mesa una idea sencilla pero necesaria: cuando ocurre un abuso, se investiga, se depuran responsabilidades y se protege a quien lo ha sufrido. Pero eso no significa señalar a todo un cuerpo por los errores —o delitos— de unos pocos.
Durante más de dos siglos de historia policial, ha habido luces y sombras, como en cualquier institución. Negarlo sería ingenuo. Pero también lo sería olvidar que la inmensa mayoría de agentes salen cada día a trabajar para mantener el orden, muchas veces con pocos medios y bajo una presión constante. Convertir la crítica legítima en desconfianza generalizada no ayuda ni a las víctimas ni a la sociedad.
El apoyo a quienes han sufrido abusos debe ser firme y sin matices. Escuchar, investigar y reparar el daño es una obligación democrática. Pero esa defensa de las víctimas no debería utilizarse como una excusa para desacreditar a todo un colectivo que, en su mayoría, cumple con su deber de forma honesta.
La confianza en las instituciones no se construye con silencios, pero tampoco con prejuicios. Se construye con transparencia, con responsabilidad y con la valentía de señalar lo que está mal sin caer en el “todos son iguales”. Ese equilibrio es difícil, pero es el único camino serio.
Quizá llegue tarde esta reflexión, como dicen algunos, después de más de 200 años de historia. Pero si sirve para recordar que justicia y respeto pueden ir de la mano, bienvenida sea. Porque criticar cuando toca es sano, pero sospechar de todos por sistema nunca ha sido justo.