La Autopista Nacional
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Cuando uno escucha que una obra pública se ha inflado en más de cinco millones de euros por “calcular mal” el precio del acero, cuesta no arquear la ceja. La reciente advertencia de la Intervención General de la Administración del Estado sobre la remodelación del Puente del Centenario en Sevilla suena menos a error técnico y más a ese viejo problema de siempre: el dinero público que parece no tener dueño cuando alguien decide estirar demasiado las cuentas.

Cuando uno escucha que una obra pública se ha inflado en más de cinco millones de euros por “calcular mal” el precio del acero, cuesta no arquear la ceja. La reciente advertencia de la Intervención General de la Administración del Estado sobre la remodelación del Puente del Centenario en Sevilla suena menos a error técnico y más a ese viejo problema de siempre: el dinero público que parece no tener dueño cuando alguien decide estirar demasiado las cuentas.

El caso, además, aparece vinculado a la investigación de la llamada trama Cerdán, lo que inevitablemente hace que la sospecha sea aún mayor. Porque no hablamos de céntimos ni de una desviación menor en una obra compleja. Cinco millones de euros no son una línea perdida en una hoja de cálculo: es dinero que sale del bolsillo de todos los contribuyentes.

Lo que más indigna a la gente no es solo la cifra, sino la sensación de impunidad. Cada vez que se destapa un sobrecoste injustificado en una infraestructura pública, el mensaje que recibe la ciudadanía es devastador: que mientras muchos se aprietan el cinturón, hay quien maneja el presupuesto común con una ligereza difícil de justificar.

Y no, esto no va de demonizar las obras públicas ni a quienes las ejecutan honestamente. Las infraestructuras son necesarias y cuestan dinero. Pero precisamente por eso la vigilancia debe ser férrea y las responsabilidades claras cuando algo huele a inflado injustificado.

Porque si algo erosiona la confianza en las instituciones no es el error humano, sino la sensación de que algunos convierten lo público en un cajero automático. Y ahí, más que explicaciones técnicas, lo que la gente espera son responsabilidades y, sobre todo, un poco de vergüenza.

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Ceuta, Miercoles 29 de Julio del 2026

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