La Autopista Nacional
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La visita de Óscar Puente a China, concretamente a las instalaciones de Changchun Railway Vehicles Co, filial del gigante CRRC, se presenta como un gesto institucional de peso. No es poca cosa acercarse al mayor fabricante mundial de trenes de alta velocidad, sobre todo para un país como España que presume —con razón— de su red ferroviaria. Sobre el papel, suena a cooperación, tecnología y futuro.

La visita de Óscar Puente a China, concretamente a las instalaciones de Changchun Railway Vehicles Co, filial del gigante CRRC, se presenta como un gesto institucional de peso. No es poca cosa acercarse al mayor fabricante mundial de trenes de alta velocidad, sobre todo para un país como España que presume —con razón— de su red ferroviaria. Sobre el papel, suena a cooperación, tecnología y futuro.

Ahora bien, cuando uno rasca un poco, empiezan las preguntas incómodas. En un contexto político cargado de escándalos, sospechas y explicaciones a medio gas, este tipo de viajes generan más cejas levantadas que aplausos. Hay quien no ve en esta visita una apuesta estratégica, sino otro ejemplo del político que se pasea por despachos internacionales mientras en casa el ambiente arde.

La sensación para muchos ciudadanos es la de siempre: otro zorro cuidando de las ovejas. No porque esté prohibido viajar o reunirse con grandes empresas, sino porque cuesta creer en la pureza de las intenciones cuando el descrédito del Gobierno de Pedro Sánchez crece a diario. La duda no es si el viaje es legal, sino si es ético y oportuno.

Quizá Puente vuelva con ideas brillantes bajo el brazo, acuerdos beneficiosos o aprendizajes útiles. Ojalá. Pero mientras no se disipe la sombra de que algunos viajes sirven más para labrarse una cómoda jubilación que para servir al interés general, la desconfianza seguirá viajando en primera clase.

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Ceuta, Miercoles 29 de Julio del 2026

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