La UCO ha vuelto a sacudir los cimientos del poder. Según sus últimas investigaciones, la trama de hidrocarburos no se limitó a operar en las sombras: se habría infiltrado en la cúpula de los ministerios de Ábalos, Maroto y Ribera. Que esto ocurra en instituciones clave de la administración no es solo un escándalo, es un síntoma preocupante de cómo los intereses privados pueden corroer la política desde dentro.
La UCO ha vuelto a sacudir los cimientos del poder. Según sus últimas investigaciones, la trama de hidrocarburos no se limitó a operar en las sombras: se habría infiltrado en la cúpula de los ministerios de Ábalos, Maroto y Ribera. Que esto ocurra en instituciones clave de la administración no es solo un escándalo, es un síntoma preocupante de cómo los intereses privados pueden corroer la política desde dentro.
Mientras tanto, el presidente Sánchez mantiene un silencio que ya raya en lo inexplicable. No hay dimisiones, no hay explicaciones convincentes y mucho menos un horizonte electoral que permita a los ciudadanos decidir sobre el rumbo del país. La sensación que queda es la de un gobierno que ignora su responsabilidad frente a la sociedad.
Lo peor de todo es la normalización de estas conductas. La ciudadanía empieza a acostumbrarse a titulares de corrupción que implican a altos cargos sin que pase nada. Esa pasividad institucional erosiona la confianza, y con ella, la propia democracia. Es imposible subestimar el daño que causa esta percepción de impunidad.
No se trata solo de señalar culpables, sino de exigir mecanismos claros de rendición de cuentas. Cada día que pasa sin acción es un día más en el que se fortalece la idea de que la política está al servicio de unos pocos y no de todos. La transparencia no puede ser opcional ni los ciudadanos cómplices de la inacción.
La UCO ha hecho su trabajo: destapar las vergüenzas. Ahora le toca al gobierno hacer el suyo: asumir responsabilidades, aclarar la situación y permitir que la democracia funcione. Porque mientras los corruptos se sienten cómodos en la sombra, el resto seguimos pagando las consecuencias.


