La Autopista Nacional
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Hay momentos en los que un partido debe mirarse al espejo y reconocer que la energía que lo empuja hacia delante ya no es la misma que la que lo mantiene anclado. El PP lleva tiempo atrapado en esa contradicción, tratando de proyectar renovación mientras deja las riendas en manos de un liderazgo que, guste o no, no termina de conectar con el pulso ciudadano. Feijóo es un político solvente, sí, pero a veces la solvencia no basta cuando el país pide algo distinto.

Hay momentos en los que un partido debe mirarse al espejo y reconocer que la energía que lo empuja hacia delante ya no es la misma que la que lo mantiene anclado. El PP lleva tiempo atrapado en esa contradicción, tratando de proyectar renovación mientras deja las riendas en manos de un liderazgo que, guste o no, no termina de conectar con el pulso ciudadano. Feijóo es un político solvente, sí, pero a veces la solvencia no basta cuando el país pide algo distinto.

Y ese “algo distinto” tiene nombre propio. De hecho, dos: Ayuso y Cayetana. Son políticas con una presencia pública arrolladora, con carácter, con mensaje y, sobre todo, con un nivel dialéctico y estratégico muy superior al que hoy marca la dirección del partido. No hace falta coincidir con todas sus posturas para admitir que despiertan interés, movilizan a su electorado y generan un respaldo que Feijóo sencillamente no consigue.

Además, hay algo que el PP parece no terminar de valorar: el país está más que preparado para que una mujer lidere el Gobierno. Lo sorprendente es que quizás sea el propio PP el que no lo esté. En una época en la que los partidos buscan diferenciarse y marcar hitos, ¿cómo no ver la oportunidad histórica de ser la primera gran fuerza que lleva a una mujer a La Moncloa? Ese gesto no solo marcaría un antes y un después dentro del partido, sino también en la política española.

Es evidente que dar un paso a un lado nunca es fácil. Supone reconocer límites, aceptar nuevas dinámicas y entender que la política es, ante todo, un ejercicio de responsabilidad colectiva. Pero Feijóo tiene en sus manos la posibilidad de demostrar grandeza política: permitir que el talento que tiene por debajo pueda brillar.

Quizá el PP tema cambiar porque, en el fondo, no está seguro de estar preparado para ese salto. Pero la pregunta es otra: ¿puede permitirse no hacerlo? En un país que pide liderazgo, identidad y valentía, la respuesta parece bastante clara.

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Ceuta, Miercoles 29 de Julio del 2026

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