Hay que ver el culebrón que tenemos montado con el caso Cerdán. Sale de la cárcel y lo primero que hace es clamar que “la verdad se impondrá” y que la justicia le dará la razón. Suena bonito, desde luego, pero cuesta no arquear una ceja después de escuchar al Supremo recordar que la investigación de la UCO ha reforzado los indicios en su contra. Vamos, que el panorama no pinta precisamente a complot de película.
Hay que ver el culebrón que tenemos montado con el caso Cerdán. Sale de la cárcel y lo primero que hace es clamar que “la verdad se impondrá” y que la justicia le dará la razón. Suena bonito, desde luego, pero cuesta no arquear una ceja después de escuchar al Supremo recordar que la investigación de la UCO ha reforzado los indicios en su contra. Vamos, que el panorama no pinta precisamente a complot de película.
Lo que desconcierta es esa insistencia casi heroica en pintarse como víctima de una trama digna de un thriller político. Uno puede defender su inocencia, claro, es su derecho. Pero aferrarse al discurso de la persecución cuando los indicios —según los propios jueces— no hacen más que acumularse, deja un cierto aroma a estrategia más que a convicción.
Y, sinceramente, lo de “esto es una artimaña contra mí” comienza a sonar a estribillo conocido. El caso Koldo, Ábalos, las sombras sobre el PSOE… Ya empieza a cansar tanta historia que siempre acaba igual: con responsables políticos mirando hacia otro lado o asegurando que todo es fruto de malentendidos, mientras la ciudadanía observa incrédula.
Lo peor es la escasa autocrítica. Uno esperaría que, ante un escándalo así, hubiese al menos un mínimo gesto de humildad, una reflexión sobre el daño a la confianza pública. Pero no: seguimos en el “yo no fui” como si no existiera un desgaste institucional evidente y como si la gente no estuviera harta de este tipo de espectáculos.
Ojalá que la verdad se imponga, como dice Cerdán. Pero para que eso ocurra, lo primero es admitir que no todos los problemas vienen de fuera. A veces, simplemente, toca asumir responsabilidades. Y ya va siendo hora de que algunos lo entiendan.