La Autopista Nacional
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El último movimiento de José Luis Ábalos, ahora investigado por el Tribunal Supremo en el llamado “caso Koldo”, ha hecho temblar otra vez los pasillos políticos. Su escrito al Congreso denunciando supuestos amaños de contratos y cobro irregular de dietas en el Puerto de Valencia, y exigiendo explicaciones al Ministerio de Óscar Puente, ha sido como encender una cerilla en una habitación llena de gas. Y es que en este país ya nadie espera silencios elegantes: aquí se responde con un portazo.

El último movimiento de José Luis Ábalos, ahora investigado por el Tribunal Supremo en el llamado “caso Koldo”, ha hecho temblar otra vez los pasillos políticos. Su escrito al Congreso denunciando supuestos amaños de contratos y cobro irregular de dietas en el Puerto de Valencia, y exigiendo explicaciones al Ministerio de Óscar Puente, ha sido como encender una cerilla en una habitación llena de gas. Y es que en este país ya nadie espera silencios elegantes: aquí se responde con un portazo.

Lo llamativo no es solo la denuncia, sino el contexto. Ábalos, expulsado del confort del aparato socialista, ahora apunta hacia dentro. Y la reacción ha sido la esperada: un cruce de acusaciones donde cada cual intenta salvar lo suyo como puede. Cuando un animal está herido, decimos, arremete contra todo lo que tiene alrededor. La política española parece empeñada en demostrarnos que la metáfora no es tan exagerada.

El PSOE y el Gobierno llevan meses lidiando con escándalos, sospechas y explicaciones que parecen quedarse siempre a medio camino. Que si contratos, que si comisiones, que si él sabía o no sabía… Y ahora este capítulo nuevo, con un exministro disparando hacia su antigua casa política. El ambiente huele más a ajuste de cuentas que a verdadera voluntad de transparencia.

Lo que muchos ciudadanos perciben —y lo comentan ya sin tapujos en la calle, en los bares y en las redes— es que la alfombra donde se barrian los problemas empieza a quedarse pequeña. Y eso, más allá de siglas, erosiona la confianza en las instituciones de todos. Cuando la gente siente que las “cloacas” políticas son cada vez más visibles, el daño no es solo para un partido: es para el sistema.

Y al final, lo peor no es el escándalo puntual, sino la sensación de que esto no ha terminado y que cada revelación abrirá otra grieta. Da igual quién tenga razón en este pulso interno: lo urgente es que alguien empiece a asumir responsabilidades de verdad. Porque los ciudadanos ya están cansados de mirar hacia otro lado mientras los de siempre se tiran de los pelos. Aquí lo que falta no es alfombra: es limpieza.

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Ceuta, Miercoles 29 de Julio del 2026

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