En Ceuta, echar gasolina se ha convertido en un pequeño drama doméstico que todos vivimos semana tras semana. Cada vez que uno pasa por la estación de servicio, no puede evitar mirar el marcador con resignación. Aquí, donde todo llega por mar y los costes logísticos ya son elevados, los precios del combustible se notan más que en otros lugares. Y lo que más duele no es solo el precio en sí, sino la sensación de que las instituciones podrían hacer algo más para aliviarnos la carga… y no lo hacen.

