El pleno ha aprobado por unanimidad un plan específico de limpieza para las barriadas de Príncipe Alfonso, Arcos Quebrados y Príncipe Felipe. Es una buena noticia. Esas zonas lo necesitaban, y cualquier esfuerzo institucional por mejorar la vida de sus vecinos debe ser aplaudido. Pero no nos engañemos: por muchas escobas que ponga el Ayuntamiento, si sigue habiendo quien confunde la calle con un vertedero, de poco servirá el plan.
El pleno ha aprobado por unanimidad un plan específico de limpieza para las barriadas de Príncipe Alfonso, Arcos Quebrados y Príncipe Felipe. Es una buena noticia. Esas zonas lo necesitaban, y cualquier esfuerzo institucional por mejorar la vida de sus vecinos debe ser aplaudido. Pero no nos engañemos: por muchas escobas que ponga el Ayuntamiento, si sigue habiendo quien confunde la calle con un vertedero, de poco servirá el plan.
Porque sí, hace falta más limpieza, más medios y más operarios. Pero también hace falta más educación cívica. No todo es culpa del Ayuntamiento. Hay quienes aún no entienden que vivir en comunidad implica respetar los espacios comunes. Y aunque no se trata de señalar con el dedo, tampoco podemos taparnos los ojos: hay conductas inaceptables que se repiten día tras día.
Ahora bien, tampoco se puede exigir a los servicios de limpieza que hagan milagros. En Arcos Quebrados, por ejemplo, uno de los vertederos más persistentes está en una parcela privada, donde en más de una ocasión el propietario ha impedido, palo en mano, que los operarios de Servilimpce accedan a limpiarla. Si de verdad se quiere ejecutar un plan eficaz, la Ciudad debe actuar en consecuencia y resolver este bloqueo: hablar con el propietario, aplicar la normativa o, si hace falta, actuar de oficio. De poco servirá el plan si no se puede intervenir en uno de los focos principales del problema.
Y en el Príncipe, por mucho que se hable de falta de medios, no faltan contenedores. Todo lo contrario: los ceutíes pagaron con sus impuestos el soterramiento de los contenedores, siendo esta la única zona de Ceuta que cuenta con este sistema. Sin embargo, cuando los operarios acuden a trabajar, se encuentran con la basura esparcida por la zona mientras los contenedores soterrados están vacíos. Es el ejemplo perfecto de lo que no puede seguir ocurriendo.
El civismo no se impone, se aprende. Por eso, además del plan de limpieza, hace falta trabajar en lo que viene después: mantener. Y ahí entramos todos. No hay presupuesto suficiente para limpiar cada cinco minutos lo que otros ensucian cada dos. Si no cambiamos el chip, los planes se quedarán en papel mojado.
Así que, bien por el plan. Pero que no sea solo una lavada de cara. Si de verdad queremos barrios limpios, hay que exigir más al Ayuntamiento… y también a nosotros mismos. ¿Tanto cuesta tirar la basura en su sitio?
