Cada palabra que se elige en política no es casualidad, y en Ceuta empezamos a notar con preocupación hacia dónde derivan algunos discursos. Ceuta Ya! ha anunciado que interpelará al Gobierno por lo que llaman el “suelo secuestrado” por Defensa. No es una cuestión menor: utilizar el término “secuestrado” para referirse al suelo militar es adoptar una narrativa que poco o nada tiene que ver con la defensa legítima de nuestra ciudad.
Cada palabra que se elige en política no es casualidad, y en Ceuta empezamos a notar con preocupación hacia dónde derivan algunos discursos. Ceuta Ya! ha anunciado que interpelará al Gobierno por lo que llaman el “suelo secuestrado” por Defensa. No es una cuestión menor: utilizar el término “secuestrado” para referirse al suelo militar es adoptar una narrativa que poco o nada tiene que ver con la defensa legítima de nuestra ciudad.
La historia de Ceuta y de su seguridad está ligada desde siempre a la presencia de acuartelamientos y zonas militares. De hecho, esos espacios forman parte de la garantía de nuestra estabilidad. Llamarlo “secuestro” implica deslegitimarlo, cuestionar su existencia, como si fueran ajenos a nuestra soberanía, como si fueran un problema en lugar de una protección.
Es curioso cómo, poco a poco, ciertos discursos empiezan a acercarse peligrosamente a otros relatos que, aunque no se mencionen, todos sabemos de dónde vienen. Primero se sembraba la duda sobre el papel de las Fuerzas Armadas, ahora se habla de suelo “secuestrado” y mañana, quién sabe. Es un lenguaje que no surge de la casualidad, sino de una estrategia política que busca resituar el marco mental de los ceutíes.
Cada vez cuesta más distinguir entre la crítica legítima —necesaria en democracia— y los intentos de poner en cuestión los pilares básicos que han sostenido nuestra convivencia y nuestro futuro. Ceuta necesita avanzar, sí, pero siempre desde la firmeza en lo que somos, no coqueteando con discursos que nos alejan de nosotros mismos.
