Cada vez que Begoña Gómez abre la boca, la investigación en su contra parece ganar peso. Lo que a simple vista quiso sonar como un “favor excepcional” de su asesora, en realidad deja al descubierto un cúmulo de ilegalidades que resultan difíciles de justificar. No se trata ya de matices, sino de una cadena de actuaciones que claramente cruzan la línea de lo permitido y lo éticamente aceptable.
