¿Quién es el incombustible burócrata que, tras veintidós largos inviernos ocupando un sillón clave de forma puramente provisional y sin tener la titulación que se requiere, se convirtió en la peor pesadilla del tejido empresarial local? Bajo su mirada severa, los cajones de la administración sufrían misteriosos atascos: los pagos fluían con presteza para los afectos, mientras que para los caídos en desgracia el reloj directamente se detenía, asfixiando a base de retrasos calculados.
