Dos guardias civiles yacen muertos. Sus cuerpos, inertes y fríos, son un cruel recordatorio de la guerra que se libra en nuestras costas, concretamente en el puerto de Barbate. Una guerra sin tregua, sin cuartel, donde el enemigo no tiene rostro ni escrúpulos. Son los narcotraficantes, esos mercaderes de la muerte que han convertido nuestras costas en un campo de batalla.
