La ministra de Sanidad, Mónica García, se encuentra ahora en el ojo del huracán que ella misma ayudó a desatar. Durante años alentó las protestas contra Isabel Díaz Ayuso y puso la sanidad madrileña como ejemplo de caos y abandono. Hoy, convertida en ministra, son los mismos médicos quienes le exigen soluciones inmediatas y quienes la señalan como responsable de un sistema que sigue agonizando. La paradoja es evidente: quienes aplaudían su discurso reivindicativo ya no compran sus excusas.
