El Gobierno de Pedro Sánchez ha vuelto a atrincherarse en la defensa cerrada de Begoña Gómez, como si de una causa sagrada se tratara. Da igual lo que salga a la luz, incluso correos que revelan cómo una asesora suya intermedió con 11 empresas: la respuesta oficial sigue siendo la misma, “no hay nada”. El problema es que, a estas alturas, repetir esa consigna suena más a burla que a argumento. ¿También se los ha inventado el juez Peinado?
El Gobierno de Pedro Sánchez ha vuelto a atrincherarse en la defensa cerrada de Begoña Gómez, como si de una causa sagrada se tratara. Da igual lo que salga a la luz, incluso correos que revelan cómo una asesora suya intermedió con 11 empresas: la respuesta oficial sigue siendo la misma, “no hay nada”. El problema es que, a estas alturas, repetir esa consigna suena más a burla que a argumento. ¿También se los ha inventado el juez Peinado?
La situación ya roza lo grotesco. Un Ejecutivo que presume de transparencia y ejemplaridad debería ser el primero en pedir explicaciones claras y contundentes, en vez de parapetarse en excusas vacías. Pero aquí, lejos de esclarecer, se normaliza lo inaceptable. Cada correo, cada dato nuevo que aparece, se enfrenta al muro de un Gobierno decidido a sostener lo insostenible.
La indecencia es evidente. No se trata ya de proteger la presunción de inocencia, algo que nadie discute, sino de utilizar el poder político para blindar a la familia del presidente. Una cosa es la lealtad, y otra muy distinta la complicidad. Cuando un Gobierno se convierte en abogado defensor de su jefe y su entorno, en vez de velar por el interés general, pierde toda legitimidad moral.
Si Sánchez sigue por este camino, su Ejecutivo pasará a la historia no como un Gobierno progresista o transformador, sino como una organización dedicada a encubrir los negocios turbios de su círculo más íntimo. El daño a las instituciones es ya profundo, y cada día que insistan en negar lo evidente, el descrédito será aún mayor.
España no se merece un Gobierno arrodillado ante los intereses particulares de un presidente y su esposa. Se merece rigor, respeto y verdad. Y mientras tanto, lo único que ofrece Sánchez es humo, silencio selectivo y una defensa que avergüenza.