Las palabras importan, y más aún cuando salen de la boca de un ministro. Que Óscar López haya decidido equiparar políticamente a José Luis Ábalos, condenado por la Justicia, con Isabel Díaz Ayuso, contra la que no existe ninguna causa judicial abierta, no es un simple error de comunicación. Es una forma preocupante de banalizar los hechos y de sustituir la realidad por el relato.
