Es curioso cómo han cambiado los tiempos. Hace décadas, cuando alguien hablaba de delincuencia, la imagen que nos venía a la cabeza era la de forajidos escondidos en los montes, a los que la Guardia Civil perseguía por caminos polvorientos. Hoy en día, parece que los "forajidos" se han mudado a despachos bien amueblados y con aire acondicionado, y lo más triste es que a menudo ocupan cargos públicos.
