Es lamentable ver cómo, en un país que presume de su Estado de derecho, los juzgados están inundados de casos de corrupción que involucran a políticos. Cada día aparece un nuevo titular: “político imputado”, “político condenado”, como si se tratara de un espectáculo cotidiano al que ya nos hemos acostumbrado. Es vergonzoso que aquellos que deberían ser ejemplo de transparencia y ética parezcan estar más familiarizados con los tribunales que con el servicio público que juraron defender.
