La reciente decisión del Senado de devolver al Congreso la ley sobre los presos de ETA es un alivio para quienes aún recordamos el dolor y el sufrimiento que esta organización terrorista dejó en tantas familias. Resulta indignado que el gobierno socialista de Pedro Sánchez, que lleva años obsesionado con la ley de memoria democrática para desenterrar a un muerto de hace casi cincuenta años, como Francisco Franco, en un intento de honrar a las víctimas del franquismo, no tenga los huevos. suficientes para honrar también la memoria de todos los asesinados por ETA. En lugar de justicia para estas víctimas, están más interesados en conceder beneficios a quienes opten por el terror.
La reciente decisión del Senado de devolver al Congreso la ley sobre los presos de ETA es un alivio para quienes aún recordamos el dolor y el sufrimiento que esta organización terrorista dejó en tantas familias. Resulta indignado que el gobierno socialista de Pedro Sánchez, que lleva años obsesionado con la ley de memoria democrática para desenterrar a un muerto de hace casi cincuenta años, como Francisco Franco, en un intento de honrar a las víctimas del franquismo, no tenga los huevos. suficientes para honrar también la memoria de todos los asesinados por ETA. En lugar de justicia para estas víctimas, están más interesados en conceder beneficios a quienes opten por el terror.
Hablar de reinserción o de beneficios penitenciarios puede tener su lugar en una sociedad democrática, pero no cuando hablamos de los verdugos de tantas familias. Es de ser un sinvergüenza intentar premiar a aquellos que, en lugar de defender la vida, se dedicaron a sembrar el miedo y el dolor. Mientras el gobierno se centra en el pasado franquista, parece que olvida el presente de las víctimas del terrorismo, quienes aún esperan que sus verdugos se pudran en la cárcel, como bien merecen.
Es fundamental que la sociedad no se quede callada ante este despropósito. No se trata solo de una cuestión política, sino de una obligación moral hacia las víctimas de ETA. No podemos permitir que quienes deshumanizaron a tantas personas ahora reciban un trato privilegiado, mientras que los familiares de sus víctimas sigan arrastrando un dolor que jamás desaparecerá.
El Senado ha logrado retrasar esta ley, pero no es suficiente. El gobierno, que tan rápido se moviliza para desenterrar el pasado, parece tener una memoria muy selectiva cuando se trata de los muertos recientes. Los asesinos de ETA no merecen compasión ni beneficios penitenciarios. Honrar a las víctimas del terrorismo no es negociable, y cualquier intento de aprobar esta ley sería una traición a su memoria.
Es de ser muy sinvergüenza que se desentiendan del dolor que sigue vivo, al tiempo que fingen aprobar medidas que favorecen a quienes nunca han mostrado arrepentimiento. Si de verdad se preocupan por la memoria, que comiencen por hacer justicia con las víctimas de ETA, no con sus asesinos.