Por fin parece que en Europa alguien empieza a escuchar el sentido común. La reciente propuesta de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, de abrir centros de retorno para inmigrantes fuera de la UE es una decisión que muchos venimos reclamando desde hace tiempo. Es evidente que estos centros, más allá de su utilidad para la gestión de los flujos migratorios, deben estar ubicados en países cercanos a las familias y las raíces de los migrantes, donde puedan mantener sus tradiciones y costumbres.
Por fin parece que en Europa alguien empieza a escuchar el sentido común. La reciente propuesta de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, de abrir centros de retorno para inmigrantes fuera de la UE es una decisión que muchos venimos reclamando desde hace tiempo. Es evidente que estos centros, más allá de su utilidad para la gestión de los flujos migratorios, deben estar ubicados en países cercanos a las familias y las raíces de los migrantes, donde puedan mantener sus tradiciones y costumbres.
Europa, por mucho que intente integrar, no siempre puede ofrecer la continuidad cultural que muchos de estos inmigrantes necesitan para sentirse en casa. Por eso, tiene mucho más sentido crear centros en lugares donde el entorno cultural y social sea más cercano al suyo. Esto no solo les beneficiaría a ellos, sino también a los países receptores, que ven colapsados sus recursos sin encontrar una solución real al problema.
Además, no se trata de una medida deshumanizada, como algunos intentarán pintar. Todo lo contrario. Se busca crear espacios donde estas personas puedan encontrar refugio y estabilidad mientras se resuelve su situación legal, pero sin arrancarlos de sus raíces. Con los debidos acuerdos internacionales, se podría garantizar una estancia digna y en mejores condiciones que las que se les ofrece actualmente en muchas zonas de Europa.
Es cierto que algunos países ya han planteado iniciativas similares, pero nunca se ha dado el paso definitivo a nivel europeo. La propuesta de Von der Leyen podría ser el impulso que faltaba para que esto se lleve a cabo de forma coordinada y eficiente. Es hora de que Europa gestione la inmigración con responsabilidad, tanto para quienes llegan como para los que ya estamos aquí.
Ojalá esta sea una oportunidad para hacer las cosas bien. Llevar los centros de retorno a países cercanos a los orígenes de los migrantes es lo más lógico y beneficioso para todas las partes. Europa no puede seguir cargando con la responsabilidad de todo el mundo sin buscar soluciones realistas y equilibradas.