Otra vez, Gibraltar mete la pata donde no debe. El Gobierno del Peñón ha dado luz verde a una nueva actuación en aguas que son, sin discusión alguna, españolas. Y lo hace, como viene siendo costumbre, con una mezcla de soberbia y descaro, aprovechando la tibieza con la que muchas veces España responde a este tipo de provocaciones. Resulta preocupante que, en pleno siglo XXI, tengamos que seguir reclamando algo tan básico como el respeto a nuestra soberanía marítima.
