La Asociación de Consumidores ha puesto el grito en el cielo —y con razón— tras el caos ferroviario vivido este fin de semana. Retrasos de horas, trenes cancelados y miles de pasajeros tirados en estaciones sin información ni soluciones. Mientras tanto, las administraciones implicadas se lanzan la pelota y nadie asume responsabilidades. Esta descoordinación constante entre operadores, gobiernos y gestores deja claro que algo no funciona. Y lo peor es que el usuario, el ciudadano de a pie, es siempre el último en la lista.

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Vivimos tiempos en los que el teléfono móvil, ese compañero inseparable, ha pasado de ser una herramienta útil a una puerta abierta a toda clase de estafas. La Policía Nacional nos ha querido echar una mano estos días y ha publicado tres pasos básicos para bloquear llamadas de números desconocidos. Lo agradecemos, claro, pero no deja de ser un síntoma más de que estamos rodeados. Si hay que blindarse hasta para contestar el móvil, es que algo no va bien.

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Cada vez que se publica una nueva encuesta sobre intención de voto en la Comunidad de Madrid, se confirma lo que ya es un secreto a voces: Isabel Díaz Ayuso sigue imbatible. Su estilo directo, su discurso sin rodeos y su capacidad para conectar con una parte muy amplia del electorado madrileño la han consolidado como una figura política de primer nivel. No solo mantiene su mayoría absoluta, sino que la izquierda parece haber tirado la toalla.

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Durante el reciente apagón informativo, cuando medio país estaba sin saber qué pasaba, el Gobierno de Pedro Sánchez no estuvo precisamente a la altura. Al menos, eso opina el 60% de los españoles, según el último barómetro del CIS. Pero claro, tratándose del CIS de José Félix Tezanos, hay que leer entre líneas. Si seis de cada diez ciudadanos dicen que la información fue “insuficiente”, es bastante probable que en realidad fueran siete, ocho... o incluso nueve. Porque ya es vox populi que los datos del CIS vienen más aliñados que una ensaladilla rusa.

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Lo de José Luis Ábalos no es una anécdota, es un síntoma. Mientras miles de españoles sudaban la gota gorda durante una pandemia, él se inflaba a dietas públicas que multiplicaban por cuatro su sueldo oficial como ministro. Más de 87.000 euros en dos años en concepto de “indemnización por residencia” para alguien que ya vivía en Madrid. ¿A quién pretende engañar este señor? ¿A nosotros o a sí mismo? Lo suyo no fue servir al Estado, fue servirse de él.

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Ceuta, Miercoles 29 de Julio del 2026

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