El 6 y 15 de septiembre de 2022, y otra vez el 18 de octubre de ese mismo año, Pedro Sánchez fue tajante: en España no habría apagones, ni restricciones de luz o gas, y quienes lo advertían eran, según él, “la derecha y la ultraderecha” sembrando alarmismo. Dos años después, la realidad le ha dado una bofetada monumental a su arrogancia. Ayer, a las 12.30 horas, el país entero se sumió en un caos energético, con un apagón general que, más de 24 horas después, sigue sin resolverse del todo. La luz no ha vuelto a todos, pero la desconfianza en el presidente, esa sí que se ha encendido en millones de ciudadanos.
El 6 y 15 de septiembre de 2022, y otra vez el 18 de octubre de ese mismo año, Pedro Sánchez fue tajante: en España no habría apagones, ni restricciones de luz o gas, y quienes lo advertían eran, según él, “la derecha y la ultraderecha” sembrando alarmismo. Dos años después, la realidad le ha dado una bofetada monumental a su arrogancia. Ayer, a las 12.30 horas, el país entero se sumió en un caos energético, con un apagón general que, más de 24 horas después, sigue sin resolverse del todo. La luz no ha vuelto a todos, pero la desconfianza en el presidente, esa sí que se ha encendido en millones de ciudadanos.
No se trata solo de un fallo técnico, que puede ocurrir. Se trata de una mentira política con todas las letras. Sánchez utilizó la estrategia de minimizar riesgos, negar la evidencia y desprestigiar a quienes advertían del problema, mientras miraba hacia otro lado. ¿Resultado? España, en plena primavera de 2025, se ha encontrado desprotegida, sin información clara y con un Gobierno que, una vez más, llega tarde, mal y mintiendo.
Lo más grave no es solo que fallara el suministro eléctrico, sino que falló el relato oficial. Durante horas, ni explicaciones convincentes, ni responsables dando la cara, ni soluciones a la vista. La gestión fue un despropósito absoluto. ¿Dónde quedó esa España blindada contra cortes que nos prometió Sánchez? ¿Dónde están ahora sus palabras de tranquilidad? Enterradas bajo la oscuridad de su propia propaganda.
La confianza no se recupera con un par de ruedas de prensa o un tuit tardío. La gente ha perdido algo más que la luz: ha perdido la fe en quienes gobiernan. Sánchez prometió certezas y ha entregado improvisación, acusaciones al enemigo político y, como siempre, cero autocrítica.
Ya no cuela que todo sea culpa de “la derecha o la extrema derecha”. El apagón ha dejado al desnudo a un presidente que prefiere negar la realidad antes que asumir responsabilidades. Y eso, señor Sánchez, no es gobernar. Eso es mentir con premeditación. ¿Y ahora quién apaga esta decepción colectiva?