Podemos ha decidido jugar su última carta en la baraja electoral y lanza a Irene Montero como cabeza de lista para unas hipotéticas generales. Sí, la misma Irene Montero de la infame “ley del solo sí es sí”, aquella que provocó un auténtico terremoto jurídico al reducir las penas de más de mil agresores sexuales, muchos de los cuales salieron antes de tiempo a la calle. ¿Esa es la referente que necesita la izquierda? ¿Esa es la candidata que va a ilusionar al electorado progresista?
Podemos ha decidido jugar su última carta en la baraja electoral y lanza a Irene Montero como cabeza de lista para unas hipotéticas generales. Sí, la misma Irene Montero de la infame “ley del solo sí es sí”, aquella que provocó un auténtico terremoto jurídico al reducir las penas de más de mil agresores sexuales, muchos de los cuales salieron antes de tiempo a la calle. ¿Esa es la referente que necesita la izquierda? ¿Esa es la candidata que va a ilusionar al electorado progresista?
Porque no hablamos de un error menor, sino de una chapuza legislativa que tuvo consecuencias directas sobre la seguridad de las mujeres. Y lo peor no fue el fallo, que ya de por sí es escandaloso, sino la soberbia con la que se negó a rectificar. Montero prefirió atrincherarse en el feminismo de pancarta antes que asumir responsabilidades políticas. ¿Y ahora pretende liderar la regeneración de la izquierda? Eso no es audacia, es una tomadura de pelo.
El feminismo real no se construye desde los eslóganes, sino desde las acciones que protegen de verdad a las mujeres. Y cuando se legisla mal y se da alas a quienes hacen daño, el discurso se convierte en papel mojado. Muchas mujeres aún recuerdan con rabia cómo sus agresores se beneficiaron de una ley que prometía justicia y terminó en injusticia. ¿De verdad creen que van a olvidar?
Podemos, en su caída libre, parece más empeñado en resistir con los mismos rostros que lo llevaron al hundimiento que en construir una alternativa sólida. Montero no es un símbolo de lucha, sino de fracaso político y de arrogancia institucional. Convertirla en candidata es una falta de respeto a las víctimas y una burla al sentido común.
Así que la pregunta no es si Irene Montero se presentará, sino si alguien sensato querrá votarla. Porque una izquierda sin memoria ni autocrítica no es izquierda: es un espejismo que solo puede llevarnos a repetir los mismos errores.