La Autopista Nacional
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Otra vez, Gibraltar mete la pata donde no debe. El Gobierno del Peñón ha dado luz verde a una nueva actuación en aguas que son, sin discusión alguna, españolas. Y lo hace, como viene siendo costumbre, con una mezcla de soberbia y descaro, aprovechando la tibieza con la que muchas veces España responde a este tipo de provocaciones. Resulta preocupante que, en pleno siglo XXI, tengamos que seguir reclamando algo tan básico como el respeto a nuestra soberanía marítima.

Otra vez, Gibraltar mete la pata donde no debe. El Gobierno del Peñón ha dado luz verde a una nueva actuación en aguas que son, sin discusión alguna, españolas. Y lo hace, como viene siendo costumbre, con una mezcla de soberbia y descaro, aprovechando la tibieza con la que muchas veces España responde a este tipo de provocaciones. Resulta preocupante que, en pleno siglo XXI, tengamos que seguir reclamando algo tan básico como el respeto a nuestra soberanía marítima.

Este tipo de actos no son anecdóticos ni inocentes. Responden a una estrategia clara de consolidación territorial mediante hechos consumados. Primero instalan una boya, luego una estructura, más tarde mandan a sus patrulleras… y cuando nos queremos dar cuenta, ya están señalando como suyas aguas que jamás les pertenecieron. Y lo peor es que, si no se actúa con firmeza desde el principio, la cosa se normaliza.

España debe actuar con todo el celo posible. No se trata de montar una batalla campal, pero sí de hacer valer la legalidad internacional y nuestros derechos como Estado soberano. Es cuestión de dignidad nacional. Tenemos medios diplomáticos, jurídicos y también operativos para evitar que se sigan produciendo estas intrusiones, y hay que emplearlos sin complejos.

A veces da la impresión de que somos más duros con nosotros mismos que con quienes se saltan las normas a la torera. No es una cuestión de patriotismo rancio ni de gestos vacíos, sino de proteger lo que es nuestro por derecho. No podemos permitir que se instale la idea de que nuestras aguas son un territorio sin dueño al que cualquiera puede meter mano.

Gibraltar juega su partida. España no puede quedarse mirando. Porque hoy es una incursión más, pero mañana será otra, y luego otra… hasta que ya sea demasiado tarde. Y entonces no valdrán ni las protestas ni los comunicados de última hora.

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Ceuta, Miercoles 29 de Julio del 2026

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