La Autopista Nacional
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Jésica, la excompañera sentimental del exministro Ábalos, ha dejado claro con su actitud y sus declaraciones ante el juez que lo de “responsabilidad con el trabajo” es una falacia. Mientras Tragsatec la ensalzaba, señalando su dedicación, resulta que la realidad es otra: nunca fue a trabajar. Es difícil no indignarse al ver cómo una persona se ha aprovechado de su relación con una figura de poder para embolsarse un sueldo sin dar un palo al agua. Esto no es más que un claro caso de aprovechamiento de la influencia política para lucrarse, sin dar ni un mínimo de su parte en el servicio público por el que cobraba.

Jésica, la excompañera sentimental del exministro Ábalos, ha dejado claro con su actitud y sus declaraciones ante el juez que lo de “responsabilidad con el trabajo” es una falacia. Mientras Tragsatec la ensalzaba, señalando su dedicación, resulta que la realidad es otra: nunca fue a trabajar. Es difícil no indignarse al ver cómo una persona se ha aprovechado de su relación con una figura de poder para embolsarse un sueldo sin dar un palo al agua. Esto no es más que un claro caso de aprovechamiento de la influencia política para lucrarse, sin dar ni un mínimo de su parte en el servicio público por el que cobraba.

Lo peor de todo es que, hasta ahora, nos vendían la imagen de una profesional comprometida, mientras ella hacía vida de lujo sin mover un dedo. ¿Quién sabe cuántos otros han estado viviendo de esta manera a costa de los ciudadanos? Se llenaba los bolsillos mientras la cosa seguía en silencio, pero ahora, con las investigaciones a la vista, parece que la verdad sale a la luz, y la ex de Ábalos no tiene más remedio que admitir lo que todos sospechábamos: su puesto era una pura pantomima.

Pero, claro, ahora la jugada ya no le sale tan bien. La verdad, como siempre, llega tarde, y esta mujer no tiene ni vergüenza para afrontarla. En lugar de asumir que todo fue un despropósito, se escuda en su relación personal para justificar lo injustificable. Y, lo que es aún más sangrante, hay quien sigue defendiendo este tipo de prácticas como si fuera algo normal. No lo es, ni lo será.

No hay excusa que valga. Lo de Jésica es el reflejo de una casta que vive a costa del dinero público, sin dar un mínimo de su parte, pero con una gran capacidad para llenarse los bolsillos. Es un ejemplo claro de cómo el sistema permite que este tipo de personajes se cuelen, y mientras, el ciudadano de a pie sigue cargando con las consecuencias de la falta de ética y de justicia.

Para colmo, ahora, cuando las evidencias son claras, es cuando parece que Jésica finalmente se digna a decir la verdad. Lo cierto es que el daño ya está hecho. Ya se ha enriquecido, y el daño moral, tanto a los que siguen creyendo en la política como a los que tienen que pagar el precio de estas sinvergüenzadas, sigue siendo real. Hay que poner fin a este tipo de prácticas sin miramientos.

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Ceuta, Miercoles 29 de Julio del 2026

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