Es inadmisible que una infraestructura urbana básica, diseñada para garantizar la accesibilidad y la dignidad de los ciudadanos, se convierta en un símbolo de la dejadez pública. Hablamos del ascensor del Chorrillo, que ha acumulado días consecutivos averiado. Días en los que la administración local parece haber mirado hacia otro lado, demostrando una preocupante falta de previsión y de control sobre los servicios esenciales.

