Hay un dicho que viene como anillo al dedo para este asunto: del dicho al hecho hay un buen trecho. Resulta difícil entender que el Partido Popular levante ahora la voz para exigir un servicio de radioterapia, medicina nuclear y un equipo PET para Ceuta, como si esta necesidad hubiera aparecido de la noche a la mañana. No. Es una reivindicación histórica, justa y necesaria, pero también es una reclamación que ya estaba sobre la mesa cuando el Gobierno de España estaba presidido por Mariano Rajoy.
Hay un dicho que viene como anillo al dedo para este asunto: del dicho al hecho hay un buen trecho. Resulta difícil entender que el Partido Popular levante ahora la voz para exigir un servicio de radioterapia, medicina nuclear y un equipo PET para Ceuta, como si esta necesidad hubiera aparecido de la noche a la mañana. No. Es una reivindicación histórica, justa y necesaria, pero también es una reclamación que ya estaba sobre la mesa cuando el Gobierno de España estaba presidido por Mariano Rajoy.
Fue precisamente el MDyC, con Fátima Hamed al frente, quien insistió en aquellos años en que los pacientes oncológicos ceutíes merecían ser tratados en igualdad de condiciones, sin verse obligados a cruzar el Estrecho para recibir terapias tan delicadas como la radioterapia. Aquellas peticiones no encontraron el respaldo que hoy el PP exige al Ejecutivo de Pedro Sánchez. Ahí está la hemeroteca, que tiene la mala costumbre de recordar lo que algunos prefieren olvidar.
Eso no significa que haya que rechazar la iniciativa popular. Al contrario. Cualquier paso que acerque a Ceuta unos servicios sanitarios imprescindibles merece apoyo, venga de quien venga. Pero también conviene llamar a las cosas por su nombre. No es coherente reclamar desde la oposición lo que no se impulsó cuando se tenía la responsabilidad y la capacidad de hacerlo. La credibilidad en política también se construye con la memoria.
Ojalá esta vez la reivindicación no se quede en un simple titular o en un discurso de comisión. Los ceutíes no necesitan debates estériles ni competiciones para ver quién pide más o quién llegó primero. Necesitan hechos. Porque la salud no entiende de colores políticos, y quien exige hoy debe estar dispuesto a cumplir mañana si vuelve a gobernar. De lo contrario, todo acaba sonando a una promesa reciclada que llega, una vez más, cuando ya no toca.
