La rehabilitación integral del Baluarte de los Mallorquines abre una oportunidad para recuperar uno de los espacios con mayor valor patrimonial de Ceuta. La actuación, financiada con fondos NextGenerationEU y recursos propios de la Ciudad, incorpora además la restauración del Cristo de los Afligidos, conocido por todos como el Cristo del Puente, y la remodelación de la capilla situada junto al baluarte.
La rehabilitación integral del Baluarte de los Mallorquines abre una oportunidad para recuperar uno de los espacios con mayor valor patrimonial de Ceuta. La actuación, financiada con fondos NextGenerationEU y recursos propios de la Ciudad, incorpora además la restauración del Cristo de los Afligidos, conocido por todos como el Cristo del Puente, y la remodelación de la capilla situada junto al baluarte.
La noticia debe recibirse, en principio, como una buena decisión. No solo por la necesaria recuperación arquitectónica de un enclave integrado en el Conjunto Monumental de las Murallas Reales, sino porque se incluye una imagen que forma parte de la memoria religiosa y sentimental de muchos ceutíes.
El Cristo del Puente no es un simple elemento ornamental de una zona histórica. Para numerosos ciudadanos cristianos ha sido, durante toda una vida, un lugar de oración, de recogimiento y de fe. Muchos han acudido allí sin cámaras, sin discursos y sin necesidad de grandes ceremonias, buscando consuelo o dejando una petición en silencio. Esa dimensión íntima y devocional es tan importante como cualquier restauración de piedra, muro o capilla.
Por eso, la modernización será positiva siempre que se haga desde el respeto. Mejorar el entorno, rehabilitar la capilla y garantizar la conservación de la imagen son objetivos razonables. Lo que no debería ocurrir nunca es que una intervención pensada para recuperar el patrimonio termine alejando a los ciudadanos de aquello que le da sentido.
El miércoles 8, cuando la imagen sea retirada temporalmente del culto para su restauración, debe entenderse como el inicio de una mejora, no como una ruptura. Ceuta necesita avanzar, pero también saber conservar aquello que forma parte de su alma. Modernizar no es borrar la esencia: es protegerla para que permanezca.
