No todas las noticias sobre la Policía Local tienen que ir acompañadas de una crítica. De vez en cuando también conviene detenerse a reconocer cuando hacen bien su trabajo. La detención de un individuo que tenía varias reclamaciones judiciales pendientes y que, además, llevaba encima un cuchillo de grandes dimensiones es una de esas actuaciones que merecen algo más que una breve reseña.
No todas las noticias sobre la Policía Local tienen que ir acompañadas de una crítica. De vez en cuando también conviene detenerse a reconocer cuando hacen bien su trabajo. La detención de un individuo que tenía varias reclamaciones judiciales pendientes y que, además, llevaba encima un cuchillo de grandes dimensiones es una de esas actuaciones que merecen algo más que una breve reseña.
Muchas veces solo nos acordamos de los agentes cuando hay una multa que no gusta o cuando surge alguna polémica. Pero la realidad es que, mientras la mayoría sigue con su rutina, ellos pasan horas patrullando, atentos a cualquier situación que pueda acabar en un problema. Y, cuando llega el momento de intervenir, lo hacen. En este caso, el resultado habla por sí solo.
Nunca sabremos qué podía haber pasado si esa persona hubiera seguido caminando por la calle con un arma blanca de ese tamaño. Lo importante es que no ocurrió, precisamente porque hubo una actuación policial que evitó que la situación fuera a más. A veces el mejor servicio que presta la Policía es el que evita que una noticia termine siendo mucho peor.
Es de justicia reconocer el trabajo bien hecho. Sin aspavientos, sin convertir a nadie en un héroe, pero también sin restarle importancia. Porque cuando quienes tienen la responsabilidad de proteger a los ciudadanos cumplen con su obligación con eficacia y profesionalidad, lo mínimo que merecen es un reconocimiento. Y este es uno de esos casos.
