Cuando Isabel Díaz Ayuso habla de un "Watergate" en su contra, no lo hace por capricho ni para ganar titulares. Lo hace porque cada día parece más evidente que el Gobierno de Pedro Sánchez utiliza los recursos del Estado como arma política. Esto, en cualquier democracia que se precie, no solo es preocupante, es directamente inaceptable. Y no, no se trata de defender a Ayuso porque sí, sino de levantar la voz ante un abuso de poder que debería alarmarnos a todos, independientemente de nuestras siglas políticas.
