El reciente movimiento de José Luis Ábalos, denunciando a la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil por investigarle mientras gozaba de aforamiento, es una bofetada al sentido común y a la transparencia. El exministro parece empeñado en utilizar su condición como un parapeto, olvidando que quien no tiene nada que ocultar no necesita esconderse tras privilegios legales. En un país que aspira a ser moderno y democrático, este tipo de maniobras no solo son anacrónicas, sino que alimentan el descrédito hacia la clase política.
