Las palabras de Feijóo, acusando a Pedro Sánchez de que en su mesa de Navidad “se sentarán al menos dos imputados”, no son solo un ataque político, sino un retrato preocupante de lo que parece haberse normalizado en nuestro país. No es tanto la anécdota de cuántos comensales tienen cuentas pendientes con la justicia, sino el trasfondo de cómo la ética en la política se ha convertido en un accesorio que se olvida cuando conviene.
Las palabras de Feijóo, acusando a Pedro Sánchez de que en su mesa de Navidad “se sentarán al menos dos imputados”, no son solo un ataque político, sino un retrato preocupante de lo que parece haberse normalizado en nuestro país. No es tanto la anécdota de cuántos comensales tienen cuentas pendientes con la justicia, sino el trasfondo de cómo la ética en la política se ha convertido en un accesorio que se olvida cuando conviene.
Porque, si somos honestos, esa mesa que Feijóo describe no es solo la de Sánchez; es la de muchos de los gobiernos que nos han representado. En esta particular cena, parece que siempre hay sitio para más, incluso para aquellos que todavía no están imputados, pero cuyas actuaciones en el presente o en el pasado podrían acabar llevándolos al banquillo. Es una mesa larga, donde las responsabilidades se diluyen entre indultos estratégicos, pactos de conveniencia y un descaro político que indigna a la ciudadanía.
La cuestión aquí no es solo quién está o estará imputado, sino por qué parece que el filtro ético de la política ha quedado reducido a un trámite administrativo. ¿De verdad es aceptable que las decisiones que afectan a millones de españoles se tomen entre quienes deberían estar rindiendo cuentas ante la justicia? Y lo que es peor, ¿hemos llegado a un punto donde esto ya ni siquiera sorprende?
Mientras los ciudadanos luchan por llenar sus mesas estas Navidades, las de algunos gobiernos parecen banquetear con la impunidad como plato principal. No importa si la lista de invitados la escribe la derecha, la izquierda o el centro; lo que está claro es que esta dinámica erosiona la confianza en el sistema. Y aunque Feijóo apunte a los imputados de Sánchez, convendría recordar que esta no es una exclusividad del socialismo.
Quizás es hora de renovar por completo la lista de invitados. De exigir que los responsables públicos sean, ante todo, íntegros. Porque en la mesa de España no deberían sentarse imputados, presentes o futuros, sino políticos que trabajen para un país que ya no tolera más corrupción.