José Luis Ábalos ha decidido aferrarse al guion de su antiguo jefe, Pedro Sánchez, para presentarse ante el Tribunal Supremo como una víctima más de las supuestas conspiraciones del "PP de Ayuso".
José Luis Ábalos ha decidido aferrarse al guion de su antiguo jefe, Pedro Sánchez, para presentarse ante el Tribunal Supremo como una víctima más de las supuestas conspiraciones del "PP de Ayuso".
Según él, su imputación no es más que una "represalia política". Al parecer, en el universo socialista, las responsabilidades propias nunca existen y, si algo sale mal, siempre hay un adversario al que culpar. Qué conveniente resulta que Ayuso y la ultraderecha estén ahí para cargar con las culpas de todo, desde la corrupción hasta la muerte de Manolete, si fuera necesario.
Este discurso victimista ya cansa. Resulta curioso cómo Ábalos, que durante años manejó con maestría los hilos del poder desde el Ministerio de Fomento y en la dirección del PSOE, ahora se presente como un cordero frente a una conspiración política. Quizás lo que debería hacer no es tanto buscar excusas sino explicar claramente las acusaciones que pesan sobre él. Si no tiene nada que ocultar, el camino más lógico sería colaborar con la justicia, no disparar balas de humo hacia sus rivales.
El problema con este tipo de actitudes es que degradan el debate político. Si la estrategia es victimizarse en lugar de asumir errores, se fomenta un clima de crispación y desconfianza entre los ciudadanos. Ábalos no solo intenta esquivar su responsabilidad, sino que sigue alimentando esa narrativa de enfrentamiento constante en la que, por supuesto, el PSOE siempre es la víctima de fuerzas oscuras. Lo curioso es que el mismo partido que acusa a Ayuso de persecuciones políticas es el que más ha judicializado la vida pública.
En el fondo, esta maniobra de Ábalos no sorprende. Es parte de un patrón que hemos visto muchas veces en la política nacional: evitar el foco de las críticas desviando la atención hacia los adversarios. Lo lamentable es que esta estrategia rara vez se traduce en soluciones reales para los problemas del país, ni en el PSOE ni en otros partidos.
Quizás Ábalos debería reflexionar sobre el daño que estas actitudes causan a la credibilidad de la política y, en lugar de buscar culpables externos, empezar a responder por lo suyo. Porque mientras unos se pierden en excusas, otros se enfrentan a los problemas de cara.