La Autopista Nacional
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Pedro Sánchez ha puesto el dedo en la llaga al señalar que el mercado de la vivienda está fuera de control. Y no le falta razón: mientras proliferan apartamentos turísticos como setas tras la lluvia, encontrar un hogar digno y asequible se ha vuelto misión imposible para miles de ciudadanos. En ciudades y barrios que antes eran el corazón de la vida local, ahora todo huele a maletas de paso y a turistas con horarios efímeros.

Pedro Sánchez ha puesto el dedo en la llaga al señalar que el mercado de la vivienda está fuera de control. Y no le falta razón: mientras proliferan apartamentos turísticos como setas tras la lluvia, encontrar un hogar digno y asequible se ha vuelto misión imposible para miles de ciudadanos. En ciudades y barrios que antes eran el corazón de la vida local, ahora todo huele a maletas de paso y a turistas con horarios efímeros.

El problema no es el turismo en sí, sino su descontrol. Plataformas como Airbnb, que nacieron con la idea de compartir espacios y experiencias, se han convertido en gigantes que engullen barrios enteros. Calles antes llenas de vecinos ahora son pasillos ruidosos para visitantes fugaces. Las panaderías de toda la vida se transforman en cafeterías de postureo y los alquileres a largo plazo desaparecen. Es una invasión que deja sin espacio al residente y al nativo, quienes ven sus ciudades convertidas en parques temáticos de consumo rápido.

Ceuta, aunque no sea la meca turística que son Madrid o Barcelona, no escapa del fenómeno. Aquí también hemos empezado a sentir cómo estos alojamientos desplazan a las familias locales y encarecen la vida. ¿Cómo puede una pareja joven competir por un alquiler si un turista está dispuesto a pagar el triple por pasar un fin de semana? Este modelo de turismo no solo afecta a la vivienda, desgarra el tejido social y expulsa a la gente de sus propios barrios.

Por eso, es hora de poner límites claros. Regular el mercado turístico no es ir contra el turismo, sino a favor de las personas que hacen posible que las ciudades funcionen. Se necesitan normas que protejan la vivienda como un derecho, no como un producto especulativo. Hay que devolverle a las ciudades su esencia: la de ser un lugar para vivir, no un decorado temporal.

Pedro Sánchez promete intervención. Ojalá las palabras no se queden en titulares vacíos. Lo que está en juego no es solo el precio de una casa, sino la vida misma de nuestras ciudades y barrios. Y sobre eso, ni turistas ni multinacionales deberían tener la última palabra.

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Ceuta, Miercoles 29 de Julio del 2026

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