La estrategia de victimizarse porque se es “la esposa de” ya empieza a cansar a buena parte de la ciudadanía. En un Estado de derecho no se investiga a nadie por compartir cama, apellido o fotografía oficial con el presidente del Gobierno. Se investiga, o se debería investigar, cuando existen denuncias, indicios o hechos que un juez considera necesario aclarar. Y eso vale para cualquiera: para un ciudadano anónimo, para un empresario y también para la esposa de un presidente.
