Lo de las últimas revelaciones ya no es ruido político: es un estruendo. Cuando el nombre del presidente aparece una y otra vez ligado a tramas, intermediarios y supuestas maniobras oscuras, cuesta seguir mirando hacia otro lado. Y si además entran en escena su entorno más cercano y decisiones que, según se apunta, beneficiaban intereses particulares, la sensación que queda es demoledora. Porque sí, cuando el río suena, agua lleva… y aquí el caudal empieza a ser imposible de ignorar.
