Hay historias que empiezan casi en silencio y terminan haciendo bastante ruido, del bueno. La de Juan José Díaz, “Tato” para muchos en Ceuta, es una de ellas. Lo que nació como una idea sencilla —dos docentes con ganas de trabajar y poco más que ilusión— se ha convertido, tres décadas después, en un grupo educativo sólido, con más de mil alumnos y un centenar largo de trabajadores. No está nada mal para quienes arrancaron con una pizarra casera y materiales reciclados.

