En Ceuta hay una sensación cada vez más extendida: lo público se va diluyendo poco a poco, casi sin hacer ruido. El Hospital Universitario, que debería ser un pilar sólido de la sanidad en la ciudad, está en el centro de la polémica tras la denuncia del PP sobre la externalización de hasta 12 servicios sanitarios. Y claro, la pregunta surge sola: ¿esto es mejorar la atención o desmantelarla por la puerta de atrás?
En Ceuta hay una sensación cada vez más extendida: lo público se va diluyendo poco a poco, casi sin hacer ruido. El Hospital Universitario, que debería ser un pilar sólido de la sanidad en la ciudad, está en el centro de la polémica tras la denuncia del PP sobre la externalización de hasta 12 servicios sanitarios. Y claro, la pregunta surge sola: ¿esto es mejorar la atención o desmantelarla por la puerta de atrás?
Externalizar no siempre es sinónimo de desastre, pero cuando se convierte en norma y no en excepción, algo falla. Lo que se está viendo, según las críticas, es un traslado progresivo de especialidades a clínicas privadas, lo que deja al sistema público cada vez más vacío. Al final, el ciudadano no quiere debates técnicos: quiere que le atiendan bien, rápido y cerca de casa. Y eso, hoy por hoy, parece estar en entredicho.
El papel de Ingesa tampoco sale bien parado en esta historia. Muchos profesionales y usuarios coinciden en que la gestión deja bastante que desear. Si la solución a los problemas estructurales es derivar servicios fuera, en lugar de reforzar los propios, el mensaje que se lanza es preocupante: que lo público no merece ser arreglado, sino parcheado.
Además, hay una cuestión de fondo que no se puede ignorar: la equidad. Cuando aumentan los conciertos con clínicas privadas, se abre la puerta a desigualdades. No todo el mundo tiene las mismas facilidades para moverse, ni la misma confianza en sistemas mixtos. La sanidad pública debería ser un espacio de seguridad, no de incertidumbre.
Al final, más allá de siglas y enfrentamientos políticos, lo que está en juego es algo básico: la calidad de la atención sanitaria. Ceuta no puede permitirse perder músculo en su hospital. Porque cuando la sanidad pública se debilita, lo que realmente se resiente no es un edificio, sino la confianza de toda una ciudadanía.
